Bobby McFerrin celebra 76 años de vida

Bobby McFerrin cumple 76 años con una voz que desafía el tiempo

El mundo de la música se detiene ante el calendario que marca el 11 de marzo, para observar a un hombre que ha convertido el aire de sus pulmones en una de las herramientas más sofisticadas del planeta. Resulta difícil asimilar que Bobby McFerrin está celebrando 76 años de vida, porque su energía sobre los escenarios conserva esa lozanía propia de quien acaba de descubrir un juguete nuevo en Navidad. Este artista neoyorquino nacido en 1950, ha navegado por las décadas con una elegancia que pocos pueden presumir y lo ha hecho sin necesidad de efectos digitales o una orquesta de 100 músicos respaldándolo en cada nota.

 

Llegar a esa edad, representa una cifra que invita a la reflexión profunda sobre cómo un solo individuo puede influir tanto en la percepción del jazz y la música vocal contemporánea. Bobby no es simplemente un cantante en el sentido tradicional de la palabra, sino que funciona como un conducto de frecuencias que parecen provenir de otra dimensión. Su capacidad para desdoblarse y ejecutar líneas de bajo mientras sostiene una melodía cristalina, es algo que sigue dejando boquiabiertos a los melómanos más experimentados del mundo entero.

 

El arte de ser una orquesta con un solo cuerpo que cumple 76 años de edad

 

Muchos conocen a este artista por su éxito comercial más rotundo, "Don´t worry be happy", pero la realidad es que su carrera es un compendio de audacia técnica y una sensibilidad que roza lo espiritual en cada intervención. La fisonomía de su garganta parece haber sido diseñada por un ingeniero de sonido obsesionado con la perfección y la versatilidad absoluta. A sus 76 años, McFerrin continúa demostrando que la voz humana es el instrumento más antiguo y a la vez el más avanzado que ha existido jamás sobre la faz de la Tierra.

 

Su técnica de percusión torácica, sumada a un registro que abarca varias octavas (intervalo entre dos notas musicales que tienen la misma letra o nombre, pero una es más aguda y la otra más grave), le permite construir paisajes sonoros que antes solo eran imaginables a través de sintetizadores complejos. Es fascinante observar cómo utiliza su propio cuerpo como una caja de resonancia rítmica, con lo cual logra que el público olvide que no hay una batería presente en el recinto en donde se presenta.

 

Bobby McFerrin, y la herencia de un barítono y la magia del Bronx, Nueva York

 

La genética jugó un papel determinante en esta historia, la cual comenzó a mediados del siglo pasado en las calles de Nueva York. Su papá fue Robert McFerrin, el primer solista afroamericano en pisar el escenario del Metropolitan Opera, y esa disciplina clásica fluye por las venas de Bobby de una forma casi imperceptible pero constante. Aunque su estilo es libre y juguetón, la base técnica que sustenta cada uno de sus juegos vocales es de una rigurosidad académica envidiable que le permite saltar del jazz a Mozart sin despeinarse.

 

Crecer en un entorno en donde la música no era un pasatiempo sino una forma de existencia, moldeó su carácter y curiosidad infinita por los sonidos de su entorno. Desde sus primeros años, mostró una inclinación por desarmar las estructuras convencionales y volver a armarlas a su antojo con un toque de humor y ligereza. Cumplir 76 años hoy, significa que mira atrás y ve cómo esa semilla plantada en el Bronx germinó en un árbol genealógico musical, el cual ha dado frutos en los géneros más diversos del espectro auditivo.

 

El estigma y la gloria de una canción universal: "Don´t worry be happy"

 

Es imposible hablar de este genio sin mencionar aquella melodía, que en 1988 se convirtió en el himno oficial de la despreocupación y el optimismo global. Aunque para muchos Bobby McFerrin, quien está cumpliendo 76 años, es el hombre detrás de la frase que nos invita a no preocuparnos, la verdad es que esa canción, "Don´t worry be happy", es apenas una gota de agua en un océano de creatividad desbordada. Él mismo ha manejado esa fama con una parsimonia admirable, entendiendo que ese éxito fue el vehículo que le permitió explorar territorios más abstractos y experimentales en los años posteriores.

 

A pesar de que esa pieza ganó 3 premios Grammy y se instaló en el ADN de la cultura popular, su autor nunca permitió que su identidad artística fuera secuestrada por la industria del pop. En lugar de repetir la fórmula hasta el cansancio, él decidió alejarse de los reflectores comerciales para colaborar con chelistas de la talla de Yo-Yo Ma, o dirigir orquestas sinfónicas de renombre. Esa decisión, se percibe como un acto de valentía intelectual que lo salvó de convertirse en una caricatura de sí mismo frente a las cámaras.

 

Improvisación como método de vida y de salud

 

La filosofía de vida de este artista, se basa en la idea de que nada está escrito en piedra y que el error es simplemente una puerta abierta hacia una nueva posibilidad melódica. Su enfoque en la improvisación total, ha servido como terapia para miles de personas que asisten a sus talleres buscando recuperar su propia voz interna. Para Bobby McFerrin cantar no es una demostración de poder, se trata de un acto de vulnerabilidad que conecta directamente con la esencia más pura de los seres humanos que lo rodean.

 

Esta mentalidad relajada es quizá el secreto detrás de su longevidad, y de esa sonrisa contagiosa que siempre lo acompaña en cada una de sus apariciones públicas. Al cumplir 76 años, nos enseña que mantener la curiosidad infantil es el antídoto más efectivo contra el paso del tiempo y el desgaste de la rutina profesional.

 

Círculos de voces y la conexión humana de Bobby McFerrin

 

En las últimas décadas, su proyecto Circlesongs ha redefinido lo que entendemos por canto coral al eliminar las partituras y apostar por la intuición colectiva. Bobby se coloca en el centro de un grupo de personas, y comienza a asignar patrones rítmicos que se entrelazan de forma mágica creando una catedral de sonido instantánea. Es un ejercicio de confianza, y escucha activa que demuestra que todos somos capaces de crear belleza si nos atrevemos a soltar el control y confiar en el de al lado.

 

Esta labor pedagógica y comunitaria, es lo que realmente llena de orgullo a este hombre que ya no tiene nada que demostrar a la crítica especializada. Ver a cientos de personas armonizando bajo su guía, es una experiencia que trasciende lo puramente artístico para entrar en el terreno de lo antropológico y lo social.

 

El regalo de cumplir 7 décadas y 6 años más

 

Llegar a este punto de la vida con la garganta intacta y el espíritu vibrante, de verdad que es un regalo que Bobby McFerrin comparte con todos nosotros a través de su arte incansable. Su cumpleaños número 76 es la excusa perfecta para desempolvar sus grabaciones menos conocidas, y dejarse llevar por esa elasticidad vocal que desafía toda lógica biológica.

 

Que este 11 de marzo sirva para recordar que la música no siempre necesita de cables o amplificadores para llegar a lo más profundo del pecho de quien escucha. Deseamos que sigan los años, y que esa caja de resonancia humana conitnúe vibrando con la misma intensidad que lo ha hecho desde aquel lejano 1950 en Nueva York. Larga vida a Bobby, y a esa capacidad infinita de hacernos sentir que la felicidad puede ser tan simple como una nota bien colocada en el aire.

 

Foto: Facebook @bobbymcferrin

Tags: Bobby McFerrin, Efemérides

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