Los 10 tangos de la era de oro de Carlos Gardel

Carlos Gardel y su trabajo en 10 canciones que definen su arte ante el mundo

Dicen las malas lengua, y las buenas también, que el tango es un pensamiento triste que se baila, pero si le agregamos la voz de Carlos Gardel se convierte en una religión. Este 11 de diciembre, el mundo de la música se pone de pie para celebrar el nacimiento de la figura más icónica que ha dado el Río de la Plata, Argentina. El artista nació el 11 de diciembre de 1890, y no es solo un cantante, es el inventor de una forma de sentir. Si alguna vez te han roto el corazón, has extrañado tu casa o simplemente has sentido que la vida te pasa una factura impagable, entonces has vivido dentro de una canción del Morocho del Abasto.

 

A pesar de que han pasado décadas desde que nos dejó, la frase cada día canta mejor no es solo un eslogan de marketing porteño, es una realidad técnica y emocional. Con su eterna sonrisa, esa que parece que te está vendiendo algo y su engominado de pelo perfecto, Gardel transformó el tango de una danza de los bajos fondos en un fenómeno de clase mundial. Preparándonos para celebrar lo que sería su cumpleaños desde aquel lejano 11 de diciembre de 1890, hemos preparado una lista definitiva con sus 10 mejores canciones. Así que busca en tu app de música favorita, el acetato o el CD, ajusta el volumen y prepárate para ponerte sentimental.

 

1. "Por una cabeza"

 

Empezamos fuerte con la que probablemente sea la canción más cinematográfica de la historia del tango. Si no la conoces por Carlos Gardel, seguro la conoces porque Al Pacino bailó con ella en Perfume de mujer, o porque Arnold Schwarzenegger la usó en Mentiras verdaderas. Esta es la obra maestra de la analogía: compara la adicción a las carreras de caballos con la adicción a las mujeres que nos complican la vida. Carlos, que era un burrero (fanático de los caballos) empedernido, le pone tal pasión a la letra que casi puedes oler el césped del hipódromo y sentir la desesperación de perder la apuesta en el último metro, justo cuando el caballo de al lado saca la cabeza de ventaja. Es la canción perfecta para cuando prometes que nunca más le vas a escribir a tu ex.

 

2. "El día que me quieras"

 

Este tema es para los románticos incurables que creen en el amor de película. Es sencillamente, la cumbre lírica del intérprete argentino y su socio compositor, Alfredo Le Pera. No tiene fecha de caducidad, pues podrías dedicárselo a alguien hoy, más de un siglo después del nacimiento de Gardel en 1890, y seguiría siendo el gesto más efectivo para conquistar a alguien. La letra es tan visual que casi roza el realismo mágico: las estrellas celosas que nos miran pasar y un rayo misterioso que hace nido en el pelo.

 

Lo curioso de esta pieza es que se aleja del lunfardo, la jerga callejera del tango, y busca un lenguaje universal y poético. Gardel la canta no con dolor, sino con una esperanza suave, casi susurrada, demostrando su increíble rango vocal y actoral. Es la prueba de que no solo sabía cantar sobre traiciones y puñaladas por la espalda, sino que también podía ser el novio perfecto que toda madre querría para su hija.

 

3. "Volver"

 

"Que 20 años no es nada", dice la letra, y se convirtió en una de las frases más citadas de la cultura hispana. Pero seamos honestos: 20 años es un montón de tiempo, y él lo sabía. "Volver" es el himno del inmigrante, del que se fue y regresa con la frente marchita, dándose cuenta de que el lugar que dejó ya no existe y que tampoco es el mismo. Grabada poco antes de su muerte, esta canción tiene una carga emocional extra, como si Gardel se estuviera despidiendo o presintiendo que su propio regreso a Buenos Aires sería eterno y mítico.

 

La interpretación es magistral, porque mezcla el miedo al reencuentro con la dulzura del recuerdo. Habla de las nieves del tiempo que platearon la sien, una forma muy elegante de decir que nos estamos haciendo viejos. Escucharla es aceptar que el pasado es un fantasma que siempre nos va a perseguir, pero que es hermoso visitarlo de vez en cuando, aunque sea para llorar un poquito.

 

4. "Mi Buenos Aires querido"

 

No puedes entender a Carlos Gardel sin comprender su obsesión con Buenos Aires. Aunque nació en Francia, o Uruguay, dependiendo de a quién le preguntes, aunque la fecha del 11 de diciembre de 1890 es la constante, él eligió ser porteño hasta la médula. Este tema es la banda sonora de la nostalgia urbana. Es esa canción que escuchas cuando estás lejos de casa, y de repente extrañas hasta el tráfico y el ruido de tu ciudad. El cantante pinta la ciudad no como un lugar físico, sino como un refugio emocional donde el dolor se olvida.

 

El ritmo es ágil y optimista, al menos más que otros tangos desgarradores. Hay una alegría genuina en su voz cuando menciona la lamparita del barrio o el encuentro con los amigos. Es el Gardel triunfador que viaja por Europa y Estados Unidos, pero que tiene el corazón anclado en el Río de la Plata. En una era globalizada, esta canción resuena más que nunca para cualquiera que haya tenido que hacer las maletas. Nos recuerda que, sin importar en dónde hayamos nacido, la patria es el lugar en donde uno fue feliz.

 

5. "Cuesta abajo"

 

Aquí entramos en el terreno del tango filosófico y depresivo, ese que te hace pedir otro trago. Esta composición es la confesión de un hombre que se da cuenta de que ha desperdiciado su vida persiguiendo ilusiones, y amores pasajeros. La imagen de rodar cuesta abajo en la vida es potente y brutal. Con su fraseo impecable, nos cuenta la historia de alguien que arrastra la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser. Es el tango existencialista por excelencia, perfecto para esos momentos de crisis de la mediana edad, o de los 20, o de los 30, porque el drama no discrimina.

 

Lo impresionante es cómo evita que suene patética, y en cambio suena digna. Hay una aceptación estoica en su voz. A pesar de que la letra habla de la vergüenza de haber sido, él la canta con la frente en alto y vestido de etiqueta. Es esa dualidad lo que lo hace grande: capaz de cantar la miseria humana con la elegancia de un duque.

 

6. "Mano a mano"

 

Si hay una canción que define el código de honor del barrio, es esta. Se trata de la historia de un hombre que se cruza con una ex que lo dejó por dinero, y que ahora vive como una gran señora, o una bacana, pero que él sabe que terminará mal. Sin embargo, lejos de odiarla o reclamarle, él le dice que están mano a mano, es decir, en paz y a salvo. Él le dio amor, ella le dio lecciones de vida, así que no hay deudas. Es el te deseo lo mejor, pero sé que te va a ir mal, más elegante de la historia de la música.

 

El tono de Carlos Gardel aquí es conversacional, casi hablado, con ese recitado que se volvería su marca registrada. Es un tango que te enseña a perder con clase, a no guardar rencor, pero a tener la memoria bien afilada. Gardel fue testigo de miles de historias como esta en las calles de Buenos Aires, y en “Mano a mano” logra sintetizar la filosofía del hombre que acepta su destino sin llorar sobre la leche derramada.

 

7. "Sus ojos se cerraron"

 

Prepárate los pañuelos, porque aquí no hay ironía ni doble sentido: esto es tragedia griega en formato de tres minutos. La letra narra la muerte de la amada y el vacío absoluto que deja. La intensidad con la que él grita, porque casi es un grito, "y el mundo sigue andando!" es desgarradora. Es la rabia contra la indiferencia del universo ante nuestro dolor personal. Mientras uno sufre la pérdida más grande, el mundo sigue girando como si nada, y eso, para el protagonista, es el insulto final.

 

Muchos asocian esta canción con la propia muerte de Carlos Gardel, aunque fue grabada antes, lo que le añade una capa de misticismo escalofriante. La interpretación vocal es una masterclass de matices, pues pasa de la incredulidad a la furia y finalmente a la resignación. Es difícil creer que una sola voz pueda contener tanto sufrimiento sin quebrarse. Esta canción nos recuerda la fragilidad de la vida, y la capacidad del arte para transformar el dolor más insoportable en belleza eterna.

 

8. "Caminito"

 

Caminito es una calle colorida en el barrio de La Boca, en Argentina, que está llena de turistas sacándose selfies, pero la canción es mucho más melancólica. El intérprete canta sobre un sendero que fue testigo de un amor y que ahora, al volver solo, está cubierto de cardos y maleza. Es la personificación del paisaje: el camino también está triste porque ella ya no pasa por ahí. Es un clásico absoluto que ayudó a cimentar la imagen del tango a nivel internacional, como una música de pasiones profundas y paisajes desolados.

 

Él le imprime a "Caminito" un aire de marcha fúnebre romántica. Su voz se alarga en las vocales, saboreando la tristeza. "Desde que se fue, triste vivo yo", canta, y tú le crees, aunque sepas que el cantante tenía novias en cada puerto. La magia radica en esa capacidad de conectar con la emoción universal del abandono. Este tema sigue siendo la banda sonora perfecta para caminar solo por la calle, pateando piedras y pensando en lo que pudo haber sido y no fue.

 

9. "Melodía de arrabal"

 

En este trabajo de Gardel, encontramos un homenaje al origen, al barrio, a las raíces. El arrabal es la periferia, el lugar en donde el tango nació antes de ponerse esmoquin. Carlos, a pesar de su fama mundial y sus películas en Nueva York y París, nunca dejó de ser un joven de barrio. En "Melodía de arrabal", el bandoneón llora y ríe al mismo tiempo, y él nos dice que no importa cuánto viajes o cuánto dinero ganes, el lugar en donde creciste siempre será parte de tu ADN.

 

Es un tema con mucho canyengue, ese ritmo particular y pícaro del tango bailable. Aquí, el argentino se luce con un fraseo más rítmico, jugando con los tiempos, demostrando que además de un gran cantante dramático, era un músico con un swing impresionante. Es la canción que te recuerda que nunca debes olvidar de dónde vienes, aunque ahora tomes champaña en lugar de mate.

 

10 "Rubias de New York"

 

Para cerrar, vamos con algo diferente. Gardel no era solo drama y llanto, también tenía un sentido del humor genial y sabía adaptarse a los tiempos. "Rubias de New York" es una canción que aparece en la película El día que me quieras, y es un foxtrot, no un tango puro. Es alegre, frívola y habla de las chicas rubias, “Mary”, “Peggy”, “Betty” y “Julie”, que lo deslumbran en la Gran Manzana. Aquí, muestra su versatilidad para interpretar otros ritmos y su faceta de estrella de cine internacional que disfrutaba de la buena vida.

 

Incluir esta canción en el top 10, es necesario para entender la dimensión completa del artista. No era un personaje unidimensional deprimido, era un bon vivant, un hombre que conquistó la industria del entretenimiento más grande del mundo. Escucharla te saca una sonrisa y te hace ver al hombre no como una estatua de bronce, sino como un tipo vital, carismático y lleno de energía. Es el broche de oro perfecto para recordar que, al final del día, Carlos Gardel cantaba para celebrar la vida en todas sus formas.

 

La voz que resuena en cada casa del mundo

 

Estos 10 tangos son la cartografía que nos permite recorrer el vasto universo de Gardel. Desde el criollo risueño que conquistaba con su temple campero, hasta el que vestía de gala el desamor universal, su arte es un espejo del alma porteña y un testimonio de la pasión, nostalgia y tristeza llevadas a la máxima expresión melódica. Su obra no solo narró la vida de la época, sino que sentó las bases de la canción popular moderna en toda Hispanoamérica.

Aunque la vida del Zorzal Criollo se apagó trágicamente el 24 de junio de 1935 en Medellín, Colombia, su legado sigue siendo la columna vertebral de la música argentina y uruguaya. Su voz no es una pieza de museo, sino un eco vivo que se escucha en cada guitarreada, en cada milonga y corazón que ha aprendido a sentir el tango. Su trabajo es una herencia constante que se renueva con cada nueva escucha de su inigualable repertorio.

 

Foto: fundacioncarlosgardel.org

Tags: Carlos Gardel, Efemérides

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