The Beatles: su último concierto en un escenario del Reino Unido
Para entender la verdadera magnitud y el caos glorioso de lo que vamos a hablar acerca de The Beatles, necesitas subirte a nuestro DeLorean musical y viajar en el tiempo directo hasta el domingo 1 de mayo de 1966. En esa época de los años 60, la Beatlemanía no era solamente un término de moda inventado por los periodistas, se trataba prácticamente de una religión, un fenómeno descontrolado y febril que tenía a las juventudes de todo el mundo al borde del colapso nervioso. John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr estaban sentados, con mucha comodidad, en la cima absoluta de la cadena alimenticia de la industria del entretenimiento. No obstante, detrás de los característicos peinados de hongo y las sonrisas carismáticas de los cuatro chicos de Liverpool, se escondía un agotamiento brutal debido a los gritos ensordecedores de los acérrimos fans que, literalmente, no los dejaban escuchar sus propios instrumentos durante las presentaciones en vivo.
El escenario elegido para este histórico y monumental suceso fue el imponente Empire Pool de Wembley, ubicado en Londres, Inglaterra, un legendario recinto que en la actualidad todos conocemos como la flamante Wembley Arena. Allí se llevó a cabo el afamado y codiciado NME Poll-Winners' All-Star Concert, un mega evento anual organizado con bombo y platillo por la icónica revista musical New Musical Express para premiar y presentar en directo a los artistas favoritos del público británico. Unas 10 mil almas fanáticas se dieron cita en aquel lugar, gritando a todo pulmón y desmayándose por doquier, sin tener la menor idea de que estaban a punto de presenciar el cierre definitivo de una era dorada. Absolutamente nadie entre el eufórico público se imaginaba que este sería, de forma oficial y documentada, el último concierto programado en un escenario británico para The Beatles.
The Beatles y su último concierto programado en un escenario británico
Si hoy en día los grandes festivales de música presumen a los cuatro vientos de tener carteles increíbles, la alineación de aquella tarde primaveral en 1966 era, sin temor a equivocarnos, el equivalente a juntar a los Avengers del rock en un solo lugar. Y no, no estamos exagerando ni un poquito en esta afirmación. Además de contar con The Beatles como el plato principal, el escenario contó con la presencia de monstruos sagrados y leyendas nacientes de la talla de The Rolling Stones, The Who, The Yardbirds, y hasta la inconfundible voz del estadounidense Roy Orbison. Era una sobredosis de talento, guitarrazos electrizantes y actitud rebelde que hoy en día requeriría el presupuesto interno bruto de un país pequeño para poder costearse. Cualquier productor de conciertos actúal, derramaría lágrimas de envidia ante semejante congregación de estrellas del rock clásico.
Pero claro, en donde hay grandes egos artísticos y una concentración masiva de talento, siempre hay un buen chisme rondando los camerinos. Tras bambalinas se vivió un auténtico estira y afloja, un drama digno de una telenovela de horario estelar entre los mánagers de las agrupaciones. Brian Epstein, el genio y visionario detrás del éxito rotundo de The Beatles, y Andrew Loog Oldham, el audaz estratega de The Rolling Stones, tuvieron que sentarse a negociar duramente el orden de las presentaciones para evitar un colapso. La resolución final fue que los Stones abrirían la noche rockera, habría una pausa con la entrega de premios de por medio para calmar las aguas, y The Beatles cerrarían el show con broche de oro. Todo este circo se armó simplemente porque a Oldham le daba pavor que Mick Jagger y sus muchachos fueran vistos como simples teloneros de la poderosa banda de Liverpool. ¡Imagínate el tremendo estrés de coordinar a semejantes divas del rock and roll!
Un setlist corto, contundente y el misterio de las cámaras apagadas
Y a todo esto, con tanta expectativa en el aire, ¿qué fue exactamente lo que tocaron en esa mítica noche londinense? Bueno, si esperabas leer sobre un setlist épico de tres horas de duración, lamentamos decepcionarte profundamente. Fieles a la costumbre y las exigencias de la época de los años 60, The Beatles se subieron al escenario y despacharon toda su magia musical en unos fugaces, pero intensamente inolvidables, 15 minutos. La lista de canciones fue un verdadero bombazo directo a la vena de la nostalgia: arrancaron con la vibrante "I feel fine", seguida rápidamente por la melancolía pop de "Nowhere man", continuaron con el infeccioso ritmo de "Day tripper", bajaron el tempo con la melódica "If I needed someone" (en donde George Harrison brilló con su guitarra de 12 cuerdas) y cerraron con toda la energía desbordante y rockera de "I'm down". Cinco canciones que fueron más que suficientes para hacer que las paredes del Empire Pool casi se vinieran abajo por la histeria colectiva.
Aquí es precisamente en donde entra el factor trágico y doloroso para nosotros, los fanáticos curiosos del siglo 21 que amamos buscar absolutamente todos los videos de conciertos en internet. Lamentablemente, no existe ningún tipo de registro oficial en video de la actuación musical completa de The Beatles en este evento. ¿El motivo detrás de esta desgracia histórica para el archivo del rock? La cadena de televisión británica ABC-TV, que se encargaba de transmitir el evento para las masas, no logró llegar a un acuerdo económico y contractual favorable con el siempre estricto negociador Brian Epstein. Como resultado de esta guerra de oficinas, las cámaras de televisión simplemente se apagaron por completo durante los 15 minutos de su presentación en vivo. Solo se les permitió grabar el breve momento en el que el grupo recibió su premio como Top British Vocal Group. Así que sí, la última presentación de los Fab Four en su tierra natal frente a un público pagado es, hasta el día de hoy, un tesoro visual exclusivo de la memoria de esos 10 mil afortunados asistentes.
La transición hacia el estudio y el principio del fin de las giras de The Beatles
¿Pero por qué, estando en la cúspide innegable de su carrera, decidieron que este sería su último show en un escenario en todo el Reino Unido? La respuesta radica fundamentalmente en la impresionante evolución artística de la banda, y el hartazgo total y absoluto de la agotadora rutina de cantar en vivo. Para mediados de 1966, The Beatles ya estaban profundamente inmersos en las complejas sesiones de grabación de su revolucionario álbum Revolver. Las composiciones de Lennon y McCartney se estaban volviendo tan ricas, llenas de capas ocultas, efectos sonoros extraños y experimentación vanguardista, que resultaba imposible reproducirlas en vivo con fidelidad utilizando los limitados equipos de sonido que la tecnología de la época les ofrecía. Las masivas giras mundiales se habían convertido en un trámite aburrido, monótono y muy ruidoso en donde ellos ni siquiera podían escucharse afinar sus propias guitarras.
Después de este fugaz pero histórico concierto en mayo, la banda se armó de valor para realizar su última y caótica gira mundial, la cual incluyó paradas llenas de estrés en Alemania, Japón, Filipinas, de donde casi no logran salir vivos por un oscuro malentendido con la dictadura local, y finalmente Estados Unidos, culminando todo este ajetreo en agosto de ese año en el frío Candlestick Park de la ciudad de San Francisco. A partir de ese preciso momento, The Beatles decidieron decirle adiós a las maletas, y se encerraron a piedra y lodo en los famosos estudios Abbey Road para convertirse de lleno en una banda de estudio, regalándonos obras maestras inmortales de la música. Es muy importante aclarar que, aunque tocaron en vivo en la azotea del edificio de Apple Corps en 1969, ese fue un acto sorpresa no programado frente al público general; por ende, el show del NME de 1966 fue y sigue siendo, legalmente, su última fecha de concierto oficial en su país de origen.
El trabajo inmortal de una tarde de mayo en Londres
Mirando las cosas en retrospectiva y con el peso de la historia musical sobre nuestros hombros, aquel domingo 1 de mayo de 1966 no solo marcó el inminente final de una etapa alocada para John, Paul, George y Ringo, sino que fue un parteaguas absoluto, un punto de inflexión brutal para toda la cultura del entretenimiento global. El hecho de que la banda más grande, rentable y famosa del planeta decidiera, por pura voluntad propia, dejar de tocar en vivo en su propio territorio, fue un movimiento artístico arriesgado que terminó cambiando para siempre las reglas de operación de la industria discográfica. Con esta valiente decisión, demostraron al mundo entero que el valor real de un artista podía residir enteramente en su capacidad de crear arte puro dentro de las cuatro paredes de un estudio de grabación, rompiendo el mito de que se necesitaba salir de gira indefinidamente para seguir en la cima.
La extensa historia del rock está llena de despedidas dramáticas, conciertos de adiós anunciados con meses de anticipación y reuniones multimillonarias, pero esta despedida en particular tuvo la peculiaridad de ser una de las más silenciosas e inadvertidas de todos los tiempos. Absolutamente nadie lloró ese día por el fin de una era, sencillamente porque nadie en ese recinto sabía que era un adiós definitivo. Hoy en día, los boletos sobrevivientes de aquel mítico concierto en Wembley valen una verdadera y obscena fortuna entre los coleccionistas de todo el planeta, quienes los atesoran como santas reliquias de un momento irrepetible en el tiempo. Este suceso se erige como una leyenda gigante del siglo 20, un recuerdo hermoso sin respaldo en video, pero con un eco ensordecedor que sigue retumbando con fuerza más de cincuenta años después. Y si te gustó esta nota, no te pierdas la que tenemos publicada en nuestra página para que conozcas más acerca del Cuarteto de Liverpool.
Foto: Facebook @thebeatles